viernes, 15 de noviembre de 2013

Si yo fuera un Expatriado (3/10): La familia

Las asignaciones internacionales de más de un año suelen conllevar el traslado de la familia.  El desplazamiento de la familia es un aspecto que merece la máxima atención si queremps que la asignación resulte un éxito, tanto por parte de la empresa como del expatriado. La decisión depende mucho de las circunstancias de cada caso. Algunos de los factores más importantes a tener en cuenta son:
  • Trabajo del cónyuge (principal causa de rechazo)
  • Edad de los hijos
  • Condiciones del país del destino
  • Familiares dependientes (normalmente padres del expatriado o cónyuge)
Las condiciones ideales para desplazar a la familia suelen ser, por tanto, una ciudad atractiva para la familia (buenos colegios, sistema sanitario, etc.), que el cónyuge no trabaje o no tenga problemas en dejar de trabajar, y que los niños se adapten fácilmente al cambio de país, e incluso puedan aprovechar para aprender el idioma (la experiencia con niños pequeños suele ser especialmente buena por su inmediata adaptación).
En las condiciones opuestas, la decisión puede ser que la familia se quede en el país de origen y el expatriado retorne periódicamente. Por ejemplo, proyectos en lugares de trabajo remotos  (selva, desierto, etc.) que presentan condiciones difíciles de adaptación para las familias por motivos de seguridad, sanidad u otros.
 
Cualquiera de las dos modalidades puede ser exitosa pero normalmente una de las dos se adapta mejor a cada circunstancia y familia. Cada modalidad tiene ventajas e inconvenientes que hay que valorar.
 
En primer lugar, la primera alternativa que yo analizaría sería el desplazamiento de la familia al completo. Desde el punto de vista del expatriado, la adaptación de la familia se presenta como un reto de primer nivel, que se une al reto propio de adaptarse al nuevo trabajo y país. Es decir, el expatriado tiene un momento vital en el que se exige al máximo. 
 
Está demostrado que cuanto mejor se adapte la familia, más rendirás en el trabajo. Por tanto, la empresa es la primera interesada en una buena adaptación, y entiende que debe favorecerla. De hecho, muchas empresas otorgan unas ayudas a la instalación, entre las que cabe destacar:
  • Clases de idiomas
  • Búsqueda de casa y colegio
  • Orientación laboral  para el cónyuge
  • Formación en materia cultural, de seguridad, etc.
Incluso existen programas de acogida que incluyen un orientador en el país de destino para ayudar al Expatriado en su proceso de aterrizaje. Las ventajas de tener a la familia unida son evidentes, aunque forzar esta situación no es siempre la mejor solución. Por eso, que el Expatriado viaje sólo sin la familia puede ser en ocasiones la mejor solución. En este caso, se suele recomendar:
  • Fijar claramente las expectativas sobre el periodo que la familia va a permanecer separada
  • Hablar abiertamente del tema con tu pareja, e incluso con los hijos.
  • Revisar periódicamente si los objetivos y el plan marcado se están cumpliendo
  • Y por supuesto, aprovechar las nuevas tecnologías para hablar y mantener  videoconferencias familiares.
Conozco multitud de ejemplos muy cercanos de familias que están llevando esta situación de manera admirable, y está sirviendo para fortalecer la unión familiar.
 
En conclusión, cada familia deberá valorar las circunstancias particulares y decidir cual es la mejor opción. 
Hablo con muchos expatriados, y es sorprendente como en la mayoría de las ocasiones la experiencia de vivir fuera excede las expectativas iniciales. Es verdad que muchas veces las expectativas iniciales son bajas, ya que el traslado representa, como cualquier cambio, un shock inicial que viene seguido de una resistencia natural al cambio.
A medida que se empieza a aceptar el cambio, se descubren las ventajas y oportunidades de la nueva vida. Muchas veces la experiencia trae vivencias que nos sorprenden y aportan más de lo que nos podíamos imaginar.

Desde aquí aprovecho para enviar mis mejores deseos a todos mis amigos expatriados y a sus familias.